Voy a confesarte algo: hace cinco meses que no agarro un pincel. Si, profe de pintura que no pinta 🤦🏽♀️
No es que no haya querido. Es que durante todo el segundo semestre del año pasado estuve completamente volcada en acompañar a las alumnas de mi programa Traza tu Mapa. Mentorías, revisiones de obra, preguntas poderosas, feedback personalizado… fue intenso, hermoso, agotador.
Y mi propia pintura quedó en pausa.
Al principio no me pesaba. “Ya voy a volver”, me decía. Pero pasaban las semanas y ese “ya voy” se convertía en un nudo cada vez más apretado. Porque cuanto más tiempo pasa, más grande se vuelve el momento de volver. Más épico. Más cargado de expectativas.
Hasta que ayer, mirando mi paleta seca y mis pinceles guardados, entendí algo: el problema no era encontrar el tiempo. El problema era que había convertido “volver a pintar” en un evento monumental en mi cabeza.
Y así no se vuelve. Así solo se posterga más.
Por eso este lunes vuelvo sin épica. Sin épica, sin fanfarria. Solo vuelvo.
Y te cuento cómo lo voy a hacer porque, si estás en una situación parecida, tal vez este camino también te sirva a vos.
El patrón que siempre se repite
Pasa siempre igual. (y te lo digo porque hace 30 años estoy en esto)
Dejás de pintar. Puede ser por mil razones: trabajo, familia, cansancio, falta de inspiración, un duelo, una mudanza. Lo que sea.
Y cuando finalmente te sentás frente al papel, sentís… nada.
O peor: sentís ruido. Esa vocecita que dice “ya no sabés”, “perdiste la mano”, “esto no va a salir bien”.
Hay un silencio extraño entre vos y la pintura. Como cuando te reencontrás con alguna persona cercana después de mucho tiempo y no sabés bien cómo retomar la charla.
Acá viene la buena noticia: ese silencio no es un problema. Es el punto de partida.
Porque después de una pausa, no volvés exactamente al mismo lugar donde dejaste. Volvés siendo otra persona. Con otras vivencias, otras preocupaciones, otros ojos.
Y tu pintura necesita conocer a esta nueva versión tuya.
El error que te paraliza más que te ayuda
El error más común cuando volvemos a pintar es este: querer empezar con épica.
“Voy a pintar algo increíble.” “Tengo que aprovechar este momento de retorno.” “Tiene que salir algo que valga la pena después de tanto tiempo.”
Y con esa presión encima, ¿qué pasa? Nada. Te quedás paralizada mirando el papel en blanco.
O peor: pintás algo forzado, te frustrás, y confirmás esa vocecita interior que te decía que “ya no sabías”.
La verdad es mucho más simple y menos dramática: volver a pintar es como volver a hacer deporte después de meses. No arrancás corriendo una maratón. Arrancás con una vuelta a la manzana, despacio, sintiendo el cuerpo.
Lo mismo con la pintura.
Los 3 rituales para reconectar (sin drama)
Si te sirve, estos son los tres rituales que voy a usar el lunes. No son mágicos, no tienen nada de esotérico. Son simplemente actos conscientes que le dicen a tu cerebro: “estamos volviendo”.
Ritual 1: Preparar el espacio (sí, importa)
Antes de tocar un pincel, voy a preparar mi mesa.
¿Por qué? Porque si pintás en el mismo lugar donde dejás facturas, restos de mate y papeles del t cerebro no sabe que estás en “modo pintura”. Está en “modo vida cotidiana”.
Preparar el espacio es una forma de decirle: “ahora hacemos otra cosa”.
Mi checklist es este (adaptalo a tu realidad):
✅ Limpiar la mesa (sacar todo lo que no sea pintura)
✅ Poner solo lo esencial: paleta, pinceles, papel, agua, trapo
✅ Luz: asegurarme de tener buena luz natural o artificial
✅ Silencio o música instrumental (nada con letra que me distraiga)
✅ Poner el celu en modo avión o en otra habitación
✅ Decirle a la familia/compañerxs: “estos 20 minutos son míos”
Suena básico, ¿no? Pero básico es distinto de obvio. La mayoría no lo hace.
Ritual 2: Gesto sin objetivo (o “aguada libre”)
Acá viene la parte que más me cuesta: no buscar hacer nada lindo.
El lunes voy a hacer lo que llamo una “aguada libre”. Es decir: mojar el papel, agarrar 2 o 3 colores, y dejar que se encuentren. Sin plan. Sin boceto. Sin “esto va a ser un paisaje/retrato/abstracto”.
Solo gesto. Solo reconexión con el acto físico de pintar.
¿Cómo lo hago?
1- Papel (puede ser uno de práctica, no tiene que ser tu mejor Arches)
2- Lo mojo con agua limpia
3- Elijo 2 o 3 colores que me llamen en ese momento (ni siquiera pienso “qué combinan”)
4- Dejo que los colores se muevan en el papel húmedo
4- Observo. Respiro. Dejo que pase lo que tenga que pasar.
Tiempo: 15 minutos. Nada más.
No voy a buscar que salga algo “para mostrar”. Voy a buscar que mi mano recuerde el movimiento. Que mi ojo recuerde cómo se comporta el agua. Que mi cuerpo recuerde lo que se siente estar ahí, presente, pintando.
Nada más. Y nada menos.
Ritual 3: Cerrar con intención
Cuando termino esos 15 minutos, no me levanto corriendo.
Cierro conscientemente:
- Lavo los pinceles despacio
- Guardo todo en su lugar
- Miro lo que hice (sin juicio, solo mirarlo.
- Marco en mi agenda: “Próxima sesión: martes 28, 15 minutos”
¿Por qué importa este cierre? Porque le estoy diciendo a mi cerebro que esto no fue un evento aislado. Que volvemos.
Tu ejercicio para volver: Aguada libre en 15 minutos
Si querés hacer este ejercicio conmigo, acá va paso a paso:
Materiales:
- 1 papel de acuarela (puede ser de práctica)
- 2-3 colores que te gusten (no pienses, elegí rápido)
- Pincel mediano
- Agua
- Trapo
Paso a paso:
1- Mojá todo el papel con agua limpia (pincel gordo o esponja)
2- Mientras está húmedo, dejá caer color en distintas zonas
3- Observá cómo se mueven, cómo se mezclan
4- Si querés, incliná el papel para que los colores viajen
5- Agregá más pigmento donde sientas que lo necesita
No corrijas. No “arreglés”. Solo dejá que pase.
- A los 15 minutos, soltá el pincel. Listo.
Qué esperar: Manchas. Fusiones. Algo que probablemente no “sea nada”. Y está perfecto. No estás buscando una obra maestra. Estás buscando reconectar.
Qué NO esperar: Claridad, definición, algo “terminado”. Eso viene después. Hoy solo volvés al gesto.
Y si reconectamos juntas?
Yo puedo ayudarte a crear el hábito de pintar con constancia, potenciando tu creatividad y haciendo que tu pintura se transforme en parte de tu vida.
Porque volver no tiene que ser épico.
Volver puede ser simplemente… volver.
Y si te cuesta empezar y sostener el hábito sola, esta es la oportunidad: — 21 días, 15-30 minutos diarios, para crear el hábito que transforma la constancia en claridad y libertad creativa.
Sumate hoy! Haciendo clic en el botón “Ritual de reconexion” accederás a toda la info.
Ahora te pregunto:
¿Cuánto hace que no pintás?
¿Qué historia te estás contando sobre por qué no volvés?
¿Y si este año fuera EL año?
🖌️ Reflexionar, crear, transformar: el arte de encontrar nuestra voz.
Reflexionar, crear, transformar: el arte de encontrar nuestra voz 🧡