Desde una formación caligráfica, me aproximo al arte como a un juego serio y poderoso. Mi mirada se centra en la belleza de la palabra, el texto y la trama. Me convoca la textura, ese término compartido entre escribir y tejer. A partir de allí, busco en el verbo un código para explicar el mundo, en el intento de producir sentido y ordenar el caos.